Un perrito callejero entró a un local y, como si supiera exactamente lo que necesitaba, tomó un peluche… y no hubo manera de quitárselo.
Lo que parecía una travesura terminó convirtiéndose en un acto de humanidad: lejos de regañarlo, las personas presentes decidieron juntarse, cooperar y regalarle ese pequeño tesoro por Navidad.
Se fue feliz, con su peluche entre los dientes y un poquito más de amor en la vida.
Porque a veces, los verdaderos milagros navideños caminan en cuatro patas 🐶✨



