Es importante recordar que la función principal de un tesorero es administrar con responsabilidad, transparencia y eficiencia los recursos públicos que pertenecen a la ciudadanía. Su papel no es hacer proselitismo ni promover aspiraciones personales o políticas desde un cargo técnico que debe mantenerse neutral.
Las acciones que hoy se aplauden no son favores ni logros personales; son obligaciones inherentes al puesto y se realizan con recursos que provienen de los impuestos de la gente. Por ello, más que aplausos, lo que corresponde es rendición de cuentas, resultados claros y un enfoque total en las responsabilidades del cargo.
Quien ocupa un puesto público debe priorizar el servicio a la comunidad por encima de intereses políticos personales y respetar los tiempos, las formas y la ética que exige la función pública.



